Emma
Emma —No me da la impresión de que esté muy arrepentida. En este momento está tocando Robing Adair… La canción favorita de él.
Poco después la señorita Bates, al pasar cerca de la ventana, descubrió al señor Knightley que pasaba a caballo no lejos de allÃ.
—¡El señor Knightley! ¡Qué sorpresa! Tengo que hablar con él en seguida aunque sólo sea para darle las gracias. Pero no quiero abrir esta ventana; podrÃan resfriarse todos ustedes; pero ¿saben lo que voy a hacer? Abriré la ventana del cuarto de mi madre. Estoy segura de que entrará cuando sepa quién hay en casa. ¡Oh, qué alegrÃa tenerles a todos reunidos aquÃ! ¡Qué honor para nuestra humilde casa!
Cuando acabó de pronunciar esta frase ya estaba en la estancia de al lado, y después de abrir la ventana inmediatamente llamó la atención del señor Knightley, y hasta la última sÃlaba de la conversación que sostuvieron fue perfectamente oÃda por los demás, como si la escena tuviese lugar en aquella misma habitación.
—¿Cómo está usted?… ¿Cómo está usted?… Muy bien, gracias. AgradecidÃsima porque ayer nos prestara el coche. Llegamos a muy buena hora; mi madre nos estaba esperando. Por favor, entre usted, se lo ruego. Encontrará usted aquà a varios amigos.