Emma
Emma —No, gracias. Pero, por favor, entre usted un momento. ¿Quién cree usted que está aquÃ? La señorita Woodhouse y la señorita Smith; han sido tan amables que nos han hecho una visita para oÃr el nuevo piano. Por favor, deje usted el caballo en la Corona y entre un momento.
—De acuerdo —dijo de modo resuelto—, pero sólo cinco minutos.
—¡También están aquà la señora Weston y el señor Frank Churchill! ¡Ay, qué alegrÃa! ¡Ver reunidos a tantos amigos!
—No, no, gracias, ahora no puedo. No podrÃa quedarme ni dos minutos. Tengo mucha prisa por llegar a Kingston.
—¡Oh, por favor, entre un momento! Se alegrarán tanto de verle.
—No, no, ya tiene usted bastante gente en casa. Ya les visitaré otro dÃa y oiré el piano.
—Bueno, como quiera, pero lo siento mucho… ¡Oh, señor Knightley! ¡Qué velada más deliciosa la de ayer! ¡Qué agradable fue! ¿HabÃa usted visto alguna vez un baile como aquél? ¿No fue verdaderamente encantador? ¡Qué pareja formaban la señorita Woodhouse y el señor Frank Churchill! Yo nunca habÃa visto nada parecido.