Emma
Emma Entretanto Emma no podÃa sentirse satisfecha hasta haber organizado una comida en Hartfield para los Elton. No podÃan ser menos que los demás, de lo contrario se exponÃa a malévolas sospechas y a ser considerada capaz de un triste resentimiento. La comida tenÃa que celebrarse. Después de que Emma hubiese estado hablando de ello durante diez minutos, el señor Woodhouse se mostró dispuesto a ceder, y sólo puso la habitual condición de que no fuera él quien presidiera la mesa, creando asà la dificultad, también habitual, de tener que decidir quién ocuparÃa la cabecera.
En cuanto a las personas a quienes debÃa invitarse, no habÃa mucho que pensar. Además de los Elton, tenÃan que venir los Weston y el señor Knightley; hasta aquà todo iba bien… pero también era inevitable pedir a la pobre Harriet que fuese el octavo invitado; pero esta invitación Emma ya no la hizo con el mismo entusiasmo, y por muchos motivos se alegró de que Harriet le rogara que le permitiese excusarse.
—Si puedo evitarlo, prefiero no verle mucho. Aún no puedo verle en compañÃa de su encantadora y feliz esposa sin sentirme un poco incómoda. Si tú no te lo tomas a mal, yo casi preferirÃa quedarme en casa.