Emma
Emma —Pues no, no le admito nada de eso ni mucho menos. Yo siempre saldré en defensa de mi sexo. Como ahora. Ya se lo advierto… En esta cuestión encontrará en mà un temible antagonista. Yo siempre estoy al lado de las mujeres… y le aseguro que si usted supiera la opinión de Selina con respecto a eso de dormir en las posadas no se extrañarÃa de que la señora Churchill hiciera los esfuerzos más increÃbles para evitarlo. Selina dice que a ella la horroriza… y yo creo que me ha contagiado algo de sus escrúpulos. Mi hermana siempre viaja llevando sus propias sábanas. Una precaución excelente. ¿Sabe usted si la señora Churchill hace lo mismo?
—Tenga usted la seguridad de que la señora Churchill hace todo lo que cualquier otra gran dama ha podido hacer. La señora Churchill no va a ser menos que cualquier dama, tratándose…
La señora Elton le interrumpió vivamente diciendo:
—¡Oh, señor Weston! No interprete mal mis palabras. Le aseguro que Selina no es una gran dama. No imagine usted lo que no es verdad.
—¿No? Entonces no puede compararse con la señora Churchill, que es tan gran dama como la que puede serlo más.