Emma
Emma Pronto se demostró que Londres no era el lugar más adecuado para ella. No podÃa soportar tanto ruido. TenÃa los nervios alterados y en continua tensión; y al cabo de diez dÃas una carta de su sobrino que se recibió en Randalls comunicaba un cambio de plan. Se iban a trasladar inmediatamente a Richmond. HabÃan aconsejado a la señora Churchill que se pusiera en las manos de una eminencia médica que vivÃa allÃ, y además se le habÃa antojado pasar una temporada en aquel lugar. Se alquiló una casa amueblada en un terreno muy bien situado, y se tenÃan muchas esperanzas de que el cambio de aires le serÃa beneficioso.
Emma oyó contar que Frank habÃa escrito a su familia muy contento de aquel nuevo traslado, satisfechÃsimo de disponer de dos meses completos durante los que vivirÃa tan cerca de sus amigos más queridos… ya que la casa habÃa sido alquilada para los meses de mayo y junio. Por lo visto en sus cartas expresaba la casi seguridad de que podrÃa estar a menudo con ellos, casi tan a menudo como deseaba.
Emma se daba cuenta de a quién atribuÃa el señor Weston aquellas jubilosas perspectivas. Consideraba que ella era el origen de toda la felicidad que iban a procurarle. Emma confiaba en que no era asÃ. Aquellos dos meses iban a demostrarlo.