Emma

Emma

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Cuando se sentaron todos juntos la cosa fue un poco mejor; para el gusto de ella, mucho mejor, ya que Frank Churchill se volvió más comunicativo y alegre, dedicándole toda suerte de atenciones; todas las atenciones que podía tener, las tuvo para con Emma. Divertirla y serle agradable parecía ser lo único que se proponía… y Emma, halagada, sin lamentar el que la adulasen un poco, se mostraba también alegre y espontánea, le alentaba amistosamente permitiéndole ser galante, tal como se lo había permitido en el primer y más emocionante período de su amistad; todo lo cual, sin embargo, en aquellos momentos para ella no significaba nada, aunque en la opinión de la mayoría de los que les miraban debía parecer algo para lo cual, en nuestra lengua sólo existe una palabra propia y adecuada: coqueteo. «La señorita Woodhouse coquetea mucho con el señor Frank Churchill». Ellos mismos daban pie a que se pronunciara esta frase… y a que se escribiera en una carta que una de aquellas damas iba a enviar a Maple Grove y otra a Irlanda. No es que Emma se sintiese alegre y rehuyera pensar en una felicidad real; más bien era debido a que se sentía menos feliz de lo que había esperado. Se reía porque estaba decepcionada; y aunque agradecía al joven sus cumplidos, y los consideraba, tanto si eran fruto de la amistad, como de la admiración, como de un simple discreteo, como muy correctos, no conseguían ganar terreno en su corazón. Emma seguía proponiéndose tenerle sólo por amigo.


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