Emma
Emma —Desde las tres de la tarde de ayer. Mi influencia perpetua no debÃa haber empezado antes, de lo contrario no se hubiera puesto usted de tan mal humor antes de esta hora.
—¡Las tres de la tarde de ayer! Para usted tal vez sea éste el principio. Yo creÃa que la habÃa visto por vez primera en el mes de febrero.
—Realmente no hay modo de contestar a sus galanterÃas. Pero… —bajando la voz— nosotros somos los únicos que hablamos, y quizá sea demasiado estar diciendo tonterÃas para divertir a siete personas silenciosas.
—¡Yo no me avergüenzo de nada de lo que he dicho! —replicó él con desenfadada viveza—. Yo la vi por primera vez en el mes de febrero. Y ya pueden oÃrme todos los de la colina. Y que el eco de mi voz llegue por una parte a Mickleham y por otra a Dorking. La vi por primera vez en el mes de febrero. —Y luego, en un susurro—: Nuestros compañeros están medio dormidos. ¿Qué vamos a hacer para despertarles? Cualquier tonterÃa servirá. Vamos a hacerles hablar. ¡Señoras y caballeros! La señorita Woodhouse, que en cualquier parte en que se encuentre es siempre la reina, me ha ordenado que les diga que desea saber en qué están pensando.