Emma
Emma Unos rieron y contestaron de buen humor; la señorita Bates habló, y no poco; la señora Elton dio un respingo al oÃr lo de que la señorita Woodhouse era la reina; la respuesta más coherente fue la que dio el señor Knightley:
—¿Está segura la señorita Woodhouse de que le gustarÃa enterarse de todo lo que estamos pensando?
—¡Oh, no, no! —exclamó Emma riendo y aparentando toda la despreocupación de que fue capaz—. Por nada del mundo quisiera saberlo. En estos momentos es la cosa que menos deseo. Cuéntenme cualquier cosa menos lo que están pensando. No me refiero a todos los presentes. Quizás haya uno o dos —mirando primero al señor Weston y luego a Harriet— cuyos pensamientos no tendrÃa ningún miedo en conocer.
—Eso es algo —exclamó enfáticamente la señora Elton— que no me hubiese creÃdo con derecho a pedir. Aunque, claro está, que siendo la señora de más respeto de las que estamos aquÃ… nunca habÃa ido a ninguna excursión… en el campo… señoritas… señoras casadas…
Refunfuñaba dirigiéndose fundamentalmente a su marido; y éste murmuró en contestación: