Emma
Emma No pudo seguir hablando… HabÃa perdido la voz; y se sentó esperando con ansiedad a que Harriet contestara. Harriet, que estaba de pie, a cierta distancia, volviéndole la espalda, tardó unos minutos en hablar; y cuando por fin lo hizo, su voz estaba tan alterada como la de Emma.
—Nunca me hubiese parecido posible —empezó diciendo— que me entendieras tan mal … Ya sé que acordamos que nunca le nombrarÃamos… pero teniendo en cuenta lo infinitamente superior que es a todos los demás, nunca hubiese creÃdo posible que creyeras que me referÃa a otra persona. ¡El señor Frank Churchill! Nadie puede fijarse en él estando presente el otro. Creo que no tengo tan mal gusto como para pensar en el señor Frank Churchill, que no es nadie al lado de él. ¡Y que tú hayas tenido esta confusión…! ¡No lo entiendo! Estoy segura de que si no hubiera creÃdo que tú aprobabas mis sentimientos y que los alentabas, al principio hubiese considerado casi como una presunción excesiva por mi parte el atreverme a pensar en él; al principio, si no me hubieras dicho que cosas más difÃciles habÃan ocurrido; que se habÃan celebrado matrimonios más desiguales (éstas fueron las palabras que empleaste)…; de haberme dicho todo esto, yo no me hubiera atrevido a tener esperanzas… No lo hubiese considerado posible… Pero si tú, que tienes tanta amistad con él…