Emma

Emma

En aquel corto espacio de tiempo comprendió cuál había sido su conducta y vio claro en su propio corazón. Lo vio todo con una lucidez como hasta entonces nunca había tenido. ¡Qué mal se había estado portando con Harriet! ¡Con qué falta de atención y de delicadeza! ¡Qué insensato y qué cruel había sido su proceder! ¿Cómo había podido dejarse llevar por aquella ceguera, aquella locura? Se daba perfectamente cuenta de lo que había hecho y estaba tentada de aplicarse a sí misma los términos más duros. Sin embargo, un resto de respeto por sí misma, a pesar de todas sus culpas… la preocupación por salvar las apariencias, y un intenso deseo de ser justa para con Harriet… (no necesitaba compasión la muchacha que se creía amada por el señor Knightley… pero era justo que ahora ella no pudiera sentirse dolida al verse tratada con frialdad)… impulsaron a Emma a esperar y a soportarlo todo con calma e incluso con aparente afabilidad… Por su propio bien era preciso que se enterara de todo lo posible concerniente a las esperanzas de Harriet; y Harriet no había hecho nada para que le negara el cariño y el interés que ella le había otorgado tan voluntariamente… ni merecía ser ahora menospreciada por la persona cuyos consejos siempre habían sido desacertados… Así pues, abandonando sus reflexiones y dominando su emoción, se volvió de nuevo hacia Harriet y en un tono más acogedor reanudó la conversación; porque el tema que la había iniciado, la sorprendente historia de Jane Fairfax, había ya perdido todo interés; ambas pensaban tan sólo en el señor Knightley y en ellas mismas.


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