Emma
Emma —¿Cuándo ha salido de Londres?
—Esta misma mañana.
—Ha debido mojarse por el camino.
—SÃ.
Emma vio que deseaba que dieran un paseo juntos.
—He echado una ojeada al comedor, y como he visto que no me necesitaban prefiero estar al aire libre.
Por su aspecto y su manera de hablar parecÃa contrariado; y la joven, inspirada por sus temores, pensó que posiblemente la causa de ello era que tal vez habÃa comunicado sus proyectos a su hermano, y estaba preocupado por la actitud con que éste los habÃa acogido. Se pusieron a andar juntos. Él guardaba silencio. Emma tenÃa la impresión de que de vez en cuando la miraba de reojo, como si quisiera leer en su rostro más de lo que a ella le convenÃa dejar entrever. Y esta suposición le inspiró otro temor. Quizá querÃa hablarle de su amor por Harriet; posiblemente sólo esperaba que ella le diera pie para empezar sus confidencias… Pero Emma no lo hacÃa, no podÃa hacerlo, no se sentÃa con fuerzas para hacer que la conversación derivase hacia aquel tema. Él tendrÃa que hacérselo todo. Pero no podÃa soportar aquel silencio, que, tratándose de él, era algo tan fuera de lo común. Estuvo pensando… se decidió… y por fin, intentando sonreÃr, empezó:
—Ahora que ha regresado se enterará usted de noticias que más bien le sorprenderán.