Emma
Emma —La delicadeza de nuestros buenos amigos, los Elton, no queda muy bien parada —fue el siguiente comentario—. Comprendo la actitud de él. ¡Vaya! ¡De modo que ella se decidió a romper definitivamente…! Un compromiso que sólo habÃa traÃdo sinsabores y desdichas para los dos… que lo consideraba deshecho… ¡Cómo se ve aquà que ella se daba cuenta de lo reprobable de la conducta de él! Bueno, desde luego este muchacho es de lo más…
—Espere, espere… Siga leyendo… Ya verá cómo él también ha sufrido mucho.
—Asà lo espero —replicó el señor Knightley frÃamente, mientras volvÃa a absorberse en la lectura de la carta—. ¿Smallridge? ¿Qué quiere decir? ¿Qué significa todo eso?
—Ella habÃa aceptado un empleo de institutriz en casa de la señora Smallridge… una Ãntima amiga de la señora Elton… que vive cerca de Maple Grove; y, dicho sea de paso, no sé cómo va a tomarse este chasco la señora Elton.
—Mi querida Emma, no me distraiga ya que me obliga a leer… no me diga nada, ni siquiera de la señora Elton. Sólo falta una página. Ya se acaba. ¡Vaya con la cartita del joven!
—Me gustarÃa que la leyera con mejor predisposición para con él.