Emma
Emma —Muchas gracias, señorita Woodhouse… Es usted toda bondad… Yo no sé cómo expresarle… SÃ, sÃ, comprendo perfectamente… los proyectos de nuestra querida Jane… Bueno, rÃo, no es que quiera decir… Pero, se ha recuperado de un modo asombroso, ¿verdad? ¿Cómo sigue el señor Woodhouse?… No sabe cuánto me alegro… sÃ, le aseguro que no está en mis manos… Ya ve usted la pequeña reunión, tan feliz, que encuentra usted aquÃ… SÃ, sÃ, desde luego… ¡Qué joven más encantador…! Bueno, quiero decir… ¡qué amable! Me refiero al bueno del señor Perry… ¡Tan atento para con Jane!
Y por su efusividad, por sus extraordinarias manifestaciones de gratitud y de alegrÃa, al ver que la señora Elton les habÃa visitado, Emma dedujo que en la VicarÃa se habÃan mostrado un tanto resentidos por la decisión de Jane, y que ahora se habÃan allanado los obstáculos. Y tras unos cuantos cuchicheos más, de los que Emma no pudo enterarse de nada, la señora Elton, hablando en voz más alta, dijo:
—Pues sÃ, ya ve que aquà estoy, mi buena amiga; y hace ya tanto rato que he venido, que antes que nada considero necesario dar una explicación; pero la verdad es que estoy esperando a mi dueño y señor. Me prometió que vendrÃa a buscarme, y aprovecharÃa la ocasión para saludarlas.