Emma
Emma —¿Qué dice usted? ¿Qué vamos a tener el gusto de recibir la visita del señor Elton? Eso sí que se lo agradeceremos… Porque yo ya sé que a los caballeros no les gusta hacer visitas por la mañana, y el señor Elton está tan ocupado…
—Pues sí, le aseguro, señorita Bates, que lo está mucho… En realidad está ocupado todo el día, desde la mañana a la noche… Es incontable la gente que va a verle por una razón u otra… Magistrados, superintendentes, capilleres, todos quieren pedir su opinión. Parece que no sepan hacer nada sin él. Hasta el punto que yo muchas veces le digo: «Francamente, es mejor que te molesten a ti que a mí; yo sólo con la mitad de todos estos importunos ya no sabría dónde tengo mis lápices ni mi piano…» Aunque la verdad es que no creo que las cosas pudieran ir peor, porque he abandonado completamente, de un modo imperdonable, el dibujo y la música… Me parece que hace dos semanas que no he tocado ni una nota… Sin embargo, va a venir, se lo digo yo; sí, sí, él tiene intención de saludarlas a todas.
Y poniéndose la mano junto a la boca, como para evitar que Emma oyese sus palabras, añadió:
—Es para darles la enhorabuena, ¿saben? ¡Oh, sí! Es algo completamente indispensable.
La señorita Bates se esponjó de felicidad.