Emma

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—¡Vaya, muy bonito! Hacerme venir hasta aquí para que esté molestando a mis amigos, y tú apareces mucho más tarde de lo que me habías dicho que vendrías… ¡Ay! Estás tan seguro de tener una esposa sumisa… Ya sabías que no iba a moverme hasta que apareciese mi dueño y señor… Y aquí me he estado una hora entera, dando ejemplo a estas jóvenes de auténtica obediencia conyugal… porque, quién sabe, a lo mejor no van a tardar mucho en tener que practicar esta virtud.

El señor Elton estaba tan acalorado y tan cansado que dio la impresión de que con él su esposa estaba desperdiciando su ingenio. Antes que nada tenía que saludar a las demás señoras; y luego lo primero que hizo fue lamentarse del calor que había pasado y de la caminata que había hecho inútilmente.

—Cuando llegué a Donwell —dijo— resultó que Knightley no estaba allí. ¡Qué raro! ¡No puedo explicármelo! Después de la nota que le envié esta mañana, y de la respuesta que me devolvió diciéndome que estaría seguro en su casa hasta la una.

—¡Donwell! —exclamó su esposa—. Mi querido señor E., tú no has estado en Donwell; querrás decir la Corona; debes de venir de la reunión de la Corona.


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