Emma
Emma —¡Oh, no, imposible! Yo sólo puedo llamarle «señor Knightley». Ni siquiera le prometo igualar la elegante concisión de la señora Elton llamándole «señor K.»… Pero le prometo —añadió enseguida riéndose y ruborizándose al mismo tiempo—, le prometo que le llamaré una vez por su nombre de pila. No puedo decirle cuándo, pero quizá sea capaz de adivinar dónde… en aquel lugar en el que dos personas aceptan vivir unidos en la fortuna y la adversidad.