Emma
Emma Las noticias que Isabella le daba acerca de su invitada eran las que cabía esperar; a su llegada le había parecido de mal humor, lo cual le pareció totalmente natural teniendo en cuenta que les estaba esperando el dentista; pero una vez solucionado aquel contratiempo, no tenía la impresión de que Harriet se mostrara distinta a como ella la había conocido antes… Desde luego, Isabella no era un observador muy penetrante; sin embargo, si Harriet no se hubiera prestado a jugar con los niños, su hermana no hubiese podido dejar de darse cuenta; Emma disfrutaba más de sus consuelos y de sus esperanzas sabiendo que la estancia de Harriet en Londres iba a ser larga; las dos semanas probablemente iban a convertirse por lo menos en un mes. El señor y la señora John Knightley volverían a Highbury en agosto, y la habían invitado a quedarse con ellos hasta entonces para regresar todos juntos.
—John ni siquiera menciona a su amiga —dijo el señor Knightley—. Aquí traigo su contestación por si quiere leerla.
Era la respuesta a la carta en la que le anunciaba su propósito de casarse. Emma la aceptó rápidamente, llena de curiosidad por saber lo que diría de aquello y sin preocuparse lo más mínimo por la noticia de que no mencionaba a su amiga.