Emma
Emma Su padre llegaba para anunciar que James había ido a enganchar los caballos, operación preparatoria del ahora cotidiano viaje a Randalls; y por lo tanto Emma tuvo una excelente excusa para desaparecer.
Ya puede imaginarse cuál sería la gratitud, el extraordinario júbilo que la dominaban. Con aquellas halagüeñas perspectivas que se abrían para Harriet su única preocupación, el único obstáculo que se oponía a su dicha desaparecían, y Emma sintió que corría el peligro de ser demasiado feliz. ¿Qué más podía desear? Nada, excepto hacerse cada día más digna de él, cuyas intenciones y cuyo criterio habían sido siempre tan superiores a los suyos. Nada, sino esperar que las lecciones de sus locuras pasadas le enseñasen humildad y prudencia para el futuro.
Estaba muy seria, muy seria sintiendo aquellos impulsos de gratitud y tomando aquellas decisiones, y sin embargo en aquellos mismos momentos no podía evitar reírse. Era forzoso reírse de aquel desenlace. ¡Qué final para todas aquellas tribulaciones suyas de cinco semanas atrás! ¡Qué corazón el de Harriet, Santo Dios!
Ahora le ilusionaba pensar en su regreso… todo le producía ilusión. Sentía gran ilusión por conocer a Robert Martin.