Emma

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Al cabo de medio minuto entraban en la sala. Emma se alegró mucho de volver a verle, pero ambos quedaron un poco confusos… Por las dos partes había demasiados recuerdos embarazosos. Se estrecharon las manos sonriendo, pero con una turbación que al principio les impidió ser muy locuaces; todos volvieron a sentarse y durante unos momentos hubo un silencio tal que Emma empezó a dudar de que el deseo que había tenido durante tantos días de volver a ver a Frank Churchill y de verle en compañía de Jane le procurara algún placer. Pero cuando se les unió el señor Weston y trajeron a la niña, no faltaron ni temas de conversación ni alegría… y Frank Churchill tuvo el valor y la ocasión de acercarse a ella y decirle:

—Señorita Woodhouse, tengo que darle las gracias por unas cariñosas frases de perdón que me transmitió la señora Weston en una de sus cartas… confío que el tiempo que ha transcurrido no la ha hecho menos benevolente. Confío en que no se retracte usted de lo que dijo entonces.

—No, desde luego —exclamó Emma contentísima de que se rompiera el hielo—, en absoluto. Me alegro mucho de verle y de saludarle… y de felicitarle personalmente.

Él le dio las gracias de todo corazón y durante un rato siguió hablando muy seriamente acerca de su gratitud y de su felicidad.


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