Emma
Emma —No tan desgraciado como para ser insensible a la risa. Estoy segura de que se divertÃa usted mucho pensando que nos estaba engañando a todos… y tal vez si tengo esta sospecha es porque, para serle franca, me parece que si yo hubiese estado en su misma situación también lo hubiera encontrado divertido. Veo que hay un cierto parecido en nosotros.
Él le hizo una leve reverencia.
—Si no en nuestros caracteres —añadió en seguida con un aire de hablar en serio—, sà en nuestro destino; ese destino que nos llevará a casarnos con dos personas que están tan por encima de nosotros.
—Cierto, tiene toda la razón —replicó él apasionadamente—. No, no es verdad por lo que respecta a usted. No hay nadie que pueda estar por encima de usted, pero en cuanto a mà sà es cierto… ella es un verdadero ángel. MÃrela. ¿No es un verdadero ángel en todos sus gestos? FÃjese en la curva del cuello, fÃjese en sus ojos ahora que está mirando a mi padre… Sé que se alegrará usted de saber —inclinándose hacia ella y bajando la voz muy serio— que mi tÃo piensa darle todas las joyas de mi tÃa. Las haremos engarzar de nuevo. Estoy decidido a que algunas de ellas sean para una diadema. ¿Verdad que le sentará bien con un cabello tan negro?
—Le sentará de maravilla —replicó Emma.