Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —No puedo menos que lamentar —continuó el coronel— verme obligado a renunciar a una reunión tan agradable; pero yo soy también el primero en sentirlo, pues me temo que sin mà les negarán el acceso a Whitwell.
¡Qué golpe fueron estas palabras para todos!
—Pero si escribiera usted una nota al guardés, señor Brandon —dijo Marianne, intranquila—, ¿no bastarÃa?
El coronel negó con la cabeza.
—Tenemos que ir —dijo sir John—. No podemos aplazarlo ahora que estamos a punto. Ya irá usted a la ciudad mañana, Brandon, y no se hable más.
—Ojalá pudiera solucionarse tan fácilmente. ¡Pero no está en mi mano retrasar el viaje un dÃa más!
—Si quisiera tan sólo decirnos de qué negocio se trata —dijo la señora Jennings—, quizá verÃamos si se puede o no aplazar.
—No llegarÃa usted más de seis horas tarde —dijo Willoughby—, si retrasara su viaje hasta nuestro regreso.
—No puedo permitirme perder ni una hora…
Elinor oyó entonces a Willoughby decirle a Marianne en voz baja: