Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —No, señora, en absoluto, gracias.
—¿VenÃa de Aviñón? Espero que no haya sido para decirle que su hermana está peor.
—No, señora. VenÃa de la ciudad, y es simplemente una carta de negocios.
—Pero ¿cómo ha podido, al ver la letra, descomponerse tanto, si era sólo una carta de negocios? Vamos, vamos, coronel, ésa no es excusa; queremos saber la verdad.
—Madre querida —dijo lady Middleton—, piense un poco en lo que dice.
—¿Quizá le han dicho que su prima Fanny se ha casado? —dijo la señora Jennings, pasando por alto el reproche de su hija.
—No, la verdad es que no.
—Bien, entonces ya sé de quién es, coronel. Y espero que ella esté bien.
—¿De quién está hablando, señora? —preguntó el coronel, enrojeciendo un poco.
—¡Oh! Ya lo sabe usted.
—Lamento especialmente, señora —dijo el coronel, dirigiéndose a lady Middleton—, haber recibido esta carta hoy, porque se trata de un negocio que requiere inmediatamente mi presencia en la ciudad.
—¡En la ciudad! —exclamó la señora Jennings—. ¿Qué puede usted tener que hacer en la ciudad en esta época del año?