Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento La tarde la pasó en el mismo abandono sentimental. Tocó una y otra vez todas sus canciones favoritas, las que se habÃa acostumbrado a tocar para Willoughby, y todos los aires en los que sus voces se habÃan mezclado más a menudo, y se sentó ante el instrumento mirando fijamente cada compás que él le habÃa transcrito, hasta que tuvo el corazón tan acongojado que ya no pudo alcanzar tristeza más honda; y este alimento del dolor se dispensó dÃa tras dÃa. Se pasaba horas y horas al piano alternando canciones y llanto, la voz a menudo totalmente quebrada por las lágrimas. También con los libros, asà como con la música, persiguió la desdicha que con seguridad podÃa hallar contrastando pasado y presente. No leÃa sino lo que juntos tenÃan por costumbre leer.
Tan intensa desolación no podÃa en verdad sostenerse indefinidamente; en unos pocos dÃas se redujo a un estado de más sosegada melancolÃa; pero las ocupaciones a las que se dedicaba diariamente, sus paseos solitarios y sus meditaciones en silencio, aún producÃan de vez en cuando efusiones de dolor tan vÃvidas como las de antes.