Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Entonces quizá lo ofrecerÃa como recompensa a la persona que escribiera la defensa más enérgica de su máxima favorita: que nadie puede enamorarse más que una vez en su vida… pues su opinión a este respecto no ha variado, ¿tengo razón?
—Sin duda. A mi edad las convicciones están ya bastante asentadas. No es probable que vaya ahora a ver u oÃr algo que las haga cambiar.
—Marianne sigue tan resuelta como siempre, ya lo ve usted —dijo Elinor—; no ha cambiado.
—Sólo está un poco más seria que antes.
—SÃ, Edward —dijo Marianne—, pero usted no tiene por qué reprochármelo. Precisamente usted no está muy alegre.
—¡Por qué dice eso! —respondió Edward, con un suspiro—. ¡Si la alegrÃa nunca ha formado parte de mi carácter!
—Ni tampoco del de Marianne, en mi opinión —dijo Elinor—. Yo no dirÃa que es una muchacha atolondrada; es muy seria, muy tenaz en todo lo que emprende; a veces habla mucho y siempre con animación…, pero normalmente no es una muchacha alocada.
—Le doy la razón —dijo Edward—, pero aun asà siempre me ha parecido bastante atolondrada.