Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —A menudo yo misma me he sorprendido en errores de esta clase —dijo Elinor—, me he equivocado completamente al juzgar uno u otro aspecto de un carácter: imaginando a la gente mucho más alegre o más seria, o ingeniosa o estúpida, de lo que es en realidad, y apenas sé decir por qué o en qué se originó la confusión. A veces uno se guÃa por lo que las personas dicen de sà mismas, y con mucha frecuencia por lo que dice de ellas otra gente, sin darse oportunidad para deliberar y juzgar.
—Pero yo creÃa que estaba bien, Elinor —dijo Marianne—, guiarse completamente por la opinión de otra gente. CreÃa que nuestros juicios estaban para subordinarse a los de nuestros vecinos. Siempre ha sido ésta tu teorÃa, según tenÃa entendido.
—No, Marianne, nunca. Mi teorÃa nunca ha pretendido la sujeción del entendimiento. Donde siempre ha querido influir es en la conducta. No debes confundir mis propósitos. Me reconozco culpable de haber deseado muchas veces que tratases en general a nuestros conocidos con mayor atención; pero ¿cuándo te he aconsejado adoptar sus sentimientos o amoldarte a sus juicios en asuntos de importancia?
—No ha sido usted capaz de arrastrar a su hermana a su plan de cortesÃa general —le dijo Edward a Elinor—. ¿No gana ningún terreno?