Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento En el acto se dirigió al pasillo, abrió la puerta de la entrada, y él mismo la anunció. La señora Jennings le preguntó, nada más aparecer, si no había ido a Allenham; y la señora Palmer se rio muy a gusto con la pregunta, como para manifestar su entendimiento. El señor Palmer alzó la vista cuando entró en la habitación, la miró unos instantes, y luego volvió a su periódico. Ahora los ojos de la señora Palmer habían descubierto los dibujos que colgaban de las paredes. Se levantó para examinarlos.
—¡Oh, vaya por Dios! ¡Qué bonitos son! Pero mira, mamá, ¡qué dulzura! Sólo puedo decir que son una verdadera monada; podría pasarme la vida contemplándolos —y, sentándose de nuevo, muy pronto olvidó que hubiera tales cosas en la habitación.
Cuando lady Middleton se levantó para marcharse, el señor Palmer se levantó también, dejó el periódico, se estiró, y los miró a todos uno por uno.
—Amor mío, ¿te has quedado dormido? —dijo su esposa, riendo.
Él no contestó; y tan sólo hizo la observación, después de examinar de nuevo la sala, de que el techo tenía la pendiente muy baja y además estaba agrietado. Luego hizo sus reverencias y se fue con los demás.