Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
Cuando las señoritas Dashwood entraron en el salón de la finca al día siguiente, por una puerta, la señora Palmer entraba corriendo por la otra, con un semblante tan radiante y ufano como el del día anterior. Las cogió a ambas de la mano con el mayor de los afectos, y expresó gran placer por volverlas a ver.
—¡Estoy tan contenta de verlas! —dijo, sentándose entre Elinor y Marianne—. Como hace mal día, temí que no fueran a venir, y eso habría sido lamentable, porque mañana nos vamos de nuevo. Tenemos que irnos, porque, ¿saben?, los Weston nos visitan la semana que viene. Nuestra venida ha sido de lo más inesperado, y yo no lo supe hasta que vi el carruaje en la puerta y el señor Palmer me preguntó si quería venir con él a Barton. ¡Es tan raro! ¡Nunca me dice nada! Siento que no podamos quedarnos más; espero, sin embargo, que muy pronto podamos vernos de nuevo en la ciudad.
Las dos hermanas se vieron obligadas a frustrar tales expectativas.
—¡Que no irán a la ciudad! —exclamó la señora Palmer, riendo—. Me enfadaré muchísimo si no lo hacen. Podría conseguirles la casa más bonita del mundo, vecina a la nuestra, en Hanover Square. Tienen que ir, no se hable más. Sé seguro que disfrutaré siendo su acompañante hasta que dé a luz, si es que a la señora Dashwood no le gusta salir.
