Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —No te quepa la menor duda. En realidad, para ser exactos, estoy totalmente convencida de que tu padre no pretendÃa que les dieras dinero. La ayuda en que pensaba, me atreverÃa a decir, era sólo la que podÃa razonablemente esperarse de ti; algo como, por ejemplo, buscarles una casita cómoda, subvenir a la mudanza de sus cosas, y enviarles presentes de pesca, caza, etc., cuando sea temporada. Por mi vida que creo que sus intenciones no iban más allá; de hecho, serÃan muy extrañas y poco razonables si asà fuera. Tú sólo piensa, querido, lo excesivamente holgada que puede ser la vida de tu madrastra y sus hijas con el interés de siete mil libras, además de las mil que tienen cada una de las chicas, que les producen a cada una cincuenta libras al año, y, desde luego, con eso tendrán para pagar a su madre los gastos de manutención. Al final, reunirán quinientas libras entre todas y ¿qué más pueden desear en la vida cuatro mujeres…? ¡Su vida será tan barata! La casa no se les llevará nada. No tendrán coche, ni caballos, ni sirvientes casi; no tendrán invitados, ¡y no pueden tener gastos de ninguna clase! ¡Imagina lo felices que serán! ¡Quinientas libras al año! Tengo que hacer verdaderos esfuerzos para adivinar cómo gastarán siquiera la mitad; y en cuanto a que tú les des más, es completamente absurdo pensarlo. Estarán ellas en mejores condiciones de darte algo a ti.