Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Pobre criatura! —dijo la señorita Steele, en cuanto hubieron salido—. HabrÃa podido ser un accidente muy grave.
—Me cuesta imaginar de qué manera —exclamó Marianne—, como no fuera en circunstancias muy distintas. Pero ésta es la forma habitual de crear alarma donde no hay nada por lo que alarmarse en realidad.
—¡Qué mujer más cariñosa, lady Middleton! —dijo Lucy Steele.
Marianne se calló; para ella era imposible decir lo que no pensaba, por trivial que fuese la ocasión; y por eso era siempre Elinor quien cargaba con todo el trabajo de decir mentiras cuando la urbanidad lo requerÃa. Hizo cuanto supo cuando a tal propósito fue invitada, y habló de lady Middleton con mayor entusiasmo del que sentÃa, aunque con mucho menos que la señorita Lucy.
—Y también sir John —exclamó la hermana mayor—, ¡qué hombre tan encantador!
También en esta ocasión el encomio de la señorita Dashwood, siendo únicamente sencillo y justo, se expresó sin aparato. Comentó meramente que era hombre cordial y de gran humor.
—¡Y qué familia tan encantadora tienen! En mi vida he visto unos niños tan guapos… Puedo decir ya que los adoro, y es que siempre me han vuelto loca los niños.