Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Lo habÃa adivinado —dijo Elinor, sonriendo—, después de lo que he visto esta mañana.
—Me parece —dijo Lucy— que usted piensa que los pequeños Middleton están demasiado malcriados, quizá más de lo necesario; pero para lady Middleton eso es algo muy natural. Y, por mi parte, me encanta ver a los niños radiantes de vida y energÃa; no puedo soportarlos cuando son dóciles y callados.
—Confieso —replicó Elinor— que, cuando estoy en Barton Park, nunca me acuerdo sin alegrÃa de los niños dóciles y callados.
Una breve pausa siguió a estas palabras, al fin quebrada por la señorita Steele, que parecÃa muy inclinada a la conversación, y que en estos momentos dijo con bastante brusquedad:
—Y ¿qué le parece Devonshire, señorita Dashwood? Supongo que sentirÃa mucho irse de Sussex.
Con cierta sorpresa por la familiaridad de la pregunta, o al menos por la forma en que fue expresada, Elinor respondió que sà lo habÃa sentido.
—Norland es un sitio incomparablemente hermoso, ¿verdad? —añadió la señorita Steele.
—Hemos oÃdo a sir John admirarlo sobremanera —dijo Lucy, que parecÃa creer que las libertades de su hermana necesitaban alguna disculpa.