Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Oh, querida, por supuesto que no pretendo decir que no los haya. Estoy segura de que hay en Exeter una gran cantidad de jóvenes guapos y distinguidos; pero ya sabes lo que podrÃa decirte yo de los que debe de haber en Norland. Lo único que me daba miedo era que las señoritas Dashwood pudieran aburrirse en Barton, si el número era inferior al que tenÃan por costumbre. Pero quizá a ustedes, señoritas, les traigan sin cuidado los jóvenes galantes, y tanto les dé que los haya como que no. Por mi parte, creo que son sumamente apreciables, siempre que vistan con elegancia y se comporten con educación. Pero no puedo soportarlos si van sucios o son antipáticos. Por ejemplo, el señor Rose de Exeter, un joven increÃblemente elegante, un auténtico galán, empleado del señor Simpson, ya saben, pero si se lo encuentra una por la mañana, da pena verlo… Supongo que su hermano serÃa un galán antes de casarse, señorita Dashwood, siendo tan rico.
—La verdad —repuso Elinor— es que no puedo decÃrselo, porque no entiendo exactamente lo que significa esta palabra. Pero sà puedo decirle que, si fue un galán alguna vez antes de casarse, continúa siéndolo ahora, porque no ha habido en él la menor alteración.
—¡Oh, querida! Nunca se piensa en los hombres casados cuando se habla de galanes… tienen otras cosas que hacer.