Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡Dios mÃo, Anne! —exclamó su hermana—. No sabes hablar de otra cosa que de galanes; harás que la señorita Dashwood crea que no piensas en nada más. —Y entonces, para cambiar de tema, se puso a elogiar la casa y el mobiliario.
Con esta muestra de las señoritas Steele tuvieron suficiente. Las libertades vulgares y los disparates de la mayor no la hacÃan nada recomendable, y, como a Elinor no la cegó ni la belleza ni el sagaz aspecto de la menor, se fue de la casa dejándolas con su torpeza y su falta de verdadera elegancia, sin ningún deseo de conocerlas mejor.