Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —TemÃa que pensara usted que me estaba tomando una gran libertad —dijo— al contarle todo esto. No hace mucho, desde luego, que la conozco, al menos personalmente, pero desde hace tiempo he oÃdo hablar de usted y de su familia; y tan pronto como la vi, me sentà como ante una vieja amiga. Además, en el presente caso, creà que le debÃa alguna explicación después de haber hecho preguntas tan detalladas sobre la madre de Edward; y yo tengo la desgracia de no tener a nadie a quien pedir consejo. Anne es la única persona que lo sabe, y no tiene el menor discernimiento; en realidad a mà me hace mucho más mal que bien, porque vivo en continuo temor de que me delate. No sabe tener la boca cerrada, como debe haber visto, y no pude asustarme más el otro dÃa, puedo asegurárselo, cuando sir John nombró a Edward, porque pensé que iba a soltarlo todo. Ni se imagina qué penurias he tenido que pasar. No acabo de creerme que haya sobrevivido a todos mis sufrimientos por Edward en estos cuatro últimos años. Siempre en esa suspensión, en esa incertidumbre… viéndole a él tan de tarde en tarde… apenas nos vemos más que dos veces al año. Me admiro, a decir verdad, de que mis sentimientos sigan vivos.
Aquà sacó su pañuelo; pero Elinor no se sentÃa muy compasiva.