Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —A veces —continuó Lucy tras secarse las lágrimas— pienso si no serÃa mejor para los dos olvidarnos de todo para siempre —al decir esto, miró a los ojos a su compañera—. Pero luego, otras veces, no tengo la suficiente fuerza de voluntad. No puedo soportar la idea de sumirle en esa desgracia, sabiendo lo que harÃa la simple mención de una cosa asÃ… Y por lo que a mà me toca… él me es tan querido… creo que me faltarÃa valor para hacerlo. ¿Qué me aconsejarÃa en un caso asÃ, señorita Dashwood? ¿Qué es lo que harÃa usted?
—Tendrá que perdonarme —respondió Elinor, espantada por la pregunta—, pero yo no puedo darle ningún consejo dadas las circunstancias. Su propio criterio debe guiarla.
—Sin duda —prosiguió Lucy, tras unos minutos de silencio por ambas partes—, su madre tendrá que proporcionarle medios tarde o temprano; pero, pobre Edward, ¡eso le desanima tanto! ¿No le notaron ustedes mortalmente abatido cuando estuvo en Barton? Se sentÃa tan desgraciado cuando nos dejó en Longstaple, para irse con ustedes, que temà que creyeran que estuviese enfermo.
—¿VenÃa de casa de su tÃo, pues, cuando nos visitó?
—¡Oh, sÃ! Acababa de pasar quince dÃas con nosotros. ¿Creyeron que venÃa directamente de la ciudad?