Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Edward Ferrars no apelaba a su buen concepto por ninguna dádiva especial de presencia o trato. No era guapo y, para hacerse agradables, sus modales requerÃan un conocimiento a fondo. Era demasiado tÃmido para hacerse justicia a sà mismo pero, cuando esta timidez natural era vencida, todos sus actos revelaban un corazón franco y afectuoso. Era hombre de entendimiento, y su educación lo habÃa mejorado sólidamente. Pero no estaba dotado ni de habilidades ni de inclinaciones que colmaran los deseos de su madre y su hermana, que anhelaban verle distinguido con… apenas sabÃan qué. QuerÃan convertirle en un elegante hombre de mundo fuera como fuese. Su madre deseaba interesarle por la polÃtica, llevarle al Parlamento, o verle relacionado con algunos de los grandes hombres del momento. La señora de John Dashwood deseaba algo parecido; pero mientras tanto, mientras no pudiera alcanzarse alguna de esas bendiciones superiores, su ambición se habrÃa contentado con verle conduciendo un birlocho. Pero Edward no habÃa nacido ni para gran hombre ni para conducir birlochos. Todos sus deseos se centraban en la tranquilidad hogareña y en la paz de la vida privada. TenÃa, por fortuna, un hermano que prometÃa más.