Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento El viaje duró tres días, y en el curso de éste el comportamiento de Marianne fue una muestra ejemplar de lo que sus futuras cualidades en cuanto cumplida acompañante de la señora Jennings podían dar de sí. Estuvo callada casi todo el camino, sumida en sus pensamientos, y apenas habló sin que le preguntaran más que en las raras ocasiones en que algún detalle de belleza pintoresca del paisaje le arrancó alguna exclamación de placer exclusivamente dirigida a su hermana. Para redimir esta conducta, Elinor ocupó inmediatamente el educado lugar que ella misma se había asignado, tratando a la señora Jennings con la máxima atención, conversando con ella, riendo con ella, y escuchándola siempre que podía; y mientras tanto la señora Jennings las trató a ambas con toda la cortesía posible, fue solícita en todo momento a la hora de procurarles comodidad y entretenimiento, y sólo la contrarió no poder obligarlas, en la posada, a elegir su cena, ni a confesar si les gustaba más el salmón o el bacalao, el pollo cocido o las chuletas de ternera. Al tercer día, a las tres, llegaban a la ciudad, felices de librarse, después de tanto viajar, del confinamiento del carruaje, y dispuestas a disfrutar del gran lujo de una buena chimenea.