Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Estás equivocada, Elinor, muy equivocada. Sólo hay en ti un pequeño inconveniente que se lo impide. Quizá no se haya decidido todavÃa; tal vez tu precaria fortuna le eche para atrás; tal vez sus amigos se lo hayan desaconsejado. Pero las damas saben conceder con gran facilidad ciertas pequeñas delicadezas, ciertos pequeños estÃmulos, que acabarán por convencerle, aunque sea a su pesar. Y no hay razón para que tú no debas intentarlo. No hay que suponer que por un sentimiento que hayas podido albergar en el pasado… en fin, ya sabes que una relación de esta clase no puede ni plantearse, hay objeciones insalvables… Eres demasiado sensata para no darte cuenta. El coronel Brandon es el hombre idóneo; y yo no escatimaré atenciones para verle a gusto contigo y con tu familia. Es una alianza que concitará el aplauso universal. En pocas palabras, es algo que —bajando la voz hasta un pomposo susurro— satisfará con creces a todas las partes —reflexionando, sin embargo, añadió—: Bueno, lo que quiero decir es que todos tus amigos desean sinceramente verte bien situada; Fanny en particular, porque se interesa por ti de todo corazón, te lo aseguro. Y sin duda también le gustarÃa mucho a su madre, la señora Ferrars, una mujer muy bien dispuesta; eso dijo el otro dÃa.
Elinor no se dignó responder.