Juicio y sentimiento

Juicio y sentimiento

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—Sería algo notable —continuó su hermano—, y divertido, que Fanny y yo viéramos, al mismo tiempo, situarse en la vida ella a un hermano, y yo a una hermana. Cosa que, por cierto, no es del todo improbable.

—¿Es que va a casarse el señor Edward Ferrars? —preguntó Elinor, con resolución.

—De hecho aún no está decidido, pero es cosa que está en el aire. Su madre es una mujer excelente. La señora Ferrars, con la mayor liberalidad, le adelantará mil libras anuales si el compromiso tiene lugar. La dama es la honorable señorita Morton, hija única del difunto lord Morton, y tiene treinta mil libras. Un vínculo muy deseable por ambas partes, y yo no dudo de que con el tiempo se realizará. Mil libras son muchas libras para una madre, son mucho como adelanto, como cesión; pero la señora Ferrars tiene un noble espíritu. Por darte otra muestra de su liberalidad: el otro día, en cuanto llegamos a Londres, y sabiendo que en estos momentos no nadábamos precisamente en la abundancia, puso en manos de Fanny billetes de banco por valor de doscientas libras. Presente aceptable en grado sumo, porque mientras estamos aquí llevamos una vida con muchos gastos.

Hizo una pausa para que su hermana asintiera y participara; ésta se impuso decir:

—Sin duda tanto en la ciudad como en el campo debéis tener gastos considerables, pero también tenéis una buena renta.


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