Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —Cuando llegamos a Norland tuvimos también otros gastos inevitables. Nuestro respetado padre, como sabes bien, legó a tu madre todos los efectos de Stanhill que quedaban en Norland (siendo todos ellos muy valiosos). Nada más lejos de mi ánimo que reprochárselo; tenÃa el derecho innegable a disponer de sus bienes como mejor le pareciera, pero, a raÃz de esta elección, nos hemos visto obligados a adquirir grandes cantidades de ropa blanca, porcelana, etc., a fin de suplir la pérdida. Podrás suponer cuán lejos estamos, al cabo de todo este dispendio, de ser ricos, y en qué grado es aceptable la amabilidad de la señora Ferrars.
—Por supuesto —dijo Elinor—; y, asistidos por su liberalidad, espero que la vida aún os depare momentos más favorables.
—Dentro de uno o dos años tal vez —contestó su hermano, gravemente—; pero queda todavÃa mucho por hacer. Del invernadero de Fanny todavÃa no se ha levantado ni una sola piedra, y del jardÃn de flores no tenemos más que el proyecto.
—¿Dónde vais a construir el invernadero?