Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —En el montÃculo que hay detrás de la casa. Para tener sitio hemos arrancado los viejos nogales. Se verá desde muchas partes de la finca, será una hermosa vista, y justo delante de él, en la pendiente, pondremos el jardÃn de flores, y quedará precioso. Ya hemos limpiado el terreno de los viejos espinos que crecÃan sobre la cumbre.
Elinor se guardó para sà sus reproches y su disgusto; y en verdad agradeció que Marianne no se hallase presente para compartir su irritación.
Habiendo dicho ya lo indispensable para trazar un panorama claro de su pobreza, y para dejar de sentir la necesidad de comprar, en su próxima visita a Gray’s, un par de pendientes para cada una de sus hermanas, los pensamientos de John Dashwood tomaron un rumbo más grato, y empezó a felicitar a Elinor por tener una amiga como la señora Jennings.
—Lo cierto es que parece una mujer con grandes virtudes. Su casa, su forma de vida, todo indica una buenÃsima renta; y es una relación que no sólo os ha prestado un gran servicio hasta el momento, sino que a la postre quizá resulte materialmente provechosa. Que os haya invitado a la ciudad es ciertamente un signo importante de su aprecio; de hecho, dice tanto de su interés por vosotras que con toda probabilidad no os olvidará en el momento de su muerte. Debe de tener un enorme legado.