Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento El joven se dirigió a ella con discreta cortesía y con una tan retorcida inclinación de cabeza que, tan llanamente como habían podido hacerlo las palabras, revelaba exactamente la condición de lechuguino descrita por Lucy Steele. ¡Qué suerte habría tenido Elinor si su interés por Edward hubiera dependido menos de los méritos personales de éste que de los de sus parientes más cercanos! Pues entonces la inclinación de cabeza de su hermano habría asestado el golpe final a lo que el abyecto humor de su madre y su hermana había iniciado. Pero mientras se asombraba de lo diferentes que eran los dos jóvenes, no vio que la fatuidad y falsedad de uno estropearan en absoluto su comprensión de la modestia y valía del otro. Robert le dio cuenta personalmente de por qué eran diferentes en el curso de un cuarto de hora de conversación; pues, hablando de su hermano, y deplorando la gaucherie extrema que, en su inamovible opinión, le tenía apartado de la sociedad conveniente, la atribuyó imparcial y generosamente mucho menos a una posible deficiencia natural que a la adversidad de una educación particular; él, en cambio, aunque probablemente carecía de superioridad alguna, ni especial ni material, imputable a la naturaleza, se encontraba, simplemente por la ventaja de haber sido educado en un colegio privado, tan bien preparado para alternar en el mundo como el que más.