Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Muy pocas semanas después de recibir la primera carta de sir John Middleton, su futura morada se hallaba ya tan perfectamente dispuesta que la señora Dashwood y sus hijas pudieron emprender el viaje.
Muchas fueron las lágrimas que se vertieron en su último adiós a un lugar tan amado. «¡Querido, querido Norland —dijo Marianne, la última noche, errando en soledad frente a la casa!—. ¡Cuándo cesará mi pesar! ¡Cuándo aprenderé a reconocer mi hogar en otra parte! ¡Oh…! ¡Dichoso hogar, cómo puedes saber lo que sufro al verte ahora desde aquÃ, desde este lugar desde donde tal vez no vuelva a verte nunca más! ¡Y vosotros… vosotros, mis árboles, a quienes conozco tan bien! ¡Pensar que seguiréis siendo los mismos! ¡Que no se os caerá ni una sola hoja porque nosotras partamos, que ni una sola rama dejará de moverse porque ya no podamos contemplarlas más! ¡No! ¡Seguiréis siendo los mismos! ¡Sin conocer el placer o el dolor que ocasionáis, e insensibles a cualquier cambio que se produzca en aquellos que caminan bajo vuestra sombra! Pero ¿quién, quién os queda? ¿Quién os disfrutará?».