Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Confío en que mi querida señorita Dashwood sepa disculpar la libertad que me tomo al escribirle; pero sé que por la amistad que me profesa estará contenta de tener nuevas de mí y mi querido Edward, después de todos los contratiempos que últimamente hemos sufrido. No voy, por lo tanto, a excusarme más, sino que procedo a decirle que, gracias a Dios, aunque nuestras penas han sido terribles, ahora estamos los dos muy bien, y somos todo lo felices que gracias al amor que nos tenemos siempre habremos de ser. Nos hemos visto sometidos a grandes pruebas, y a grandes persecuciones, pero también, al mismo tiempo, hemos quedado en deuda con muchos amigos, con usted no con la que menos, que nos han mostrado atenciones que tanto yo como Edward, a quien he informado al respecto, recordaremos siempre con gratitud. Estoy segura de que le agradará saber, y también a la querida señora Jennings, que ayer por la tarde pasamos juntos dos felices horas, en las que él no quiso ni oír hablar de separarnos, aunque yo con firmeza, y en nombre de la prudencia, tal como creí mi deber, le insistí en hacerlo, y, si hubiera dado su consentimiento, yo le habría dicho adiós en el acto; pero él dijo que eso nunca sucedería, que nada le importaba la cólera de su madre mientras tuviera mi amor; nuestras perspectivas no son muy halagüeñas, a decir verdad, pero debemos aguardar y esperar lo mejor; dentro de poco se ordenará, y, si de algún modo estuviera en sus manos, señorita Dashwood, recomendarle a alguien que tuviera un beneficio libre, sé que no se olvidará de nosotros, ni tampoco la querida señora Jennings, de quien espero buenas palabras con sir John, con el señor Palmer, o con cualquier otro amigo que pueda ayudarnos. La pobre Anne es en buena parte responsable de lo ocurrido, pero lo hizo para bien, y por eso no se lo reprocho; espero que a la señora Jennings no le suponga mucho trastorno ir a hacernos una visita, y si viniera cualquier mañana sería un gran honor, y mis primos se sentirían muy orgullosos de conocerla. El papel me recuerda que debo concluir, y rogándole que le transmita mis más agradecidos y respetuosos saludos, y también a sir John y a lady Middleton y a sus queridos niños, cuando tenga ocasión de verlos, y muy especialmente a Marianne,