Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¿Conoce usted a la señorita?
—La vi una vez, cuando se hospedaba en esta casa; un dÃa me dejé caer durante diez minutos y con lo que vi de ella me bastó. Una muchacha de pueblo, pura y simplemente, sin gracia, sin estilo, sin elegancia y prácticamente sin belleza. La recuerdo perfectamente. La muchacha idónea para embelesar al pobre Edward. En cuanto mi madre me contó lo ocurrido, me ofrecà inmediatamente a hablar con él y disuadirle personalmente de su propósito; pero ya era demasiado tarde, por lo que pude ver, para hacer nada, pues por desgracia yo no lo supe hasta que la ruptura estuvo ya consumada, cuando ya no era momento para intervenir. Pero, si se me hubiera informado unas cuantas horas antes, probablemente algo se me hubiera ocurrido. Desde luego habrÃa expuesto el asunto ante Edward sin andarme por las ramas. «Querido amigo —le habrÃa dicho—, considera tus actos. Te estás metiendo en un compromiso de lo más desventurado, que toda tu familia censura con unanimidad». En pocas palabras: no puedo dejar de pensar que algún medio se habrÃa encontrado. Pero ahora es demasiado tarde. ImagÃnese, debe de estar muriéndose de hambre… No me cabe la menor duda: está totalmente muerto de hambre.