Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Por la noche, reunidas las tres, Marianne, voluntariamente, empezó de nuevo a hablar de él; pero no fue sin esfuerzo, sin una previa, atribulada y angustiosa meditación, que su color encendido y su voz trémula revelaron claramente mientras decÃa:
—Me gustarÃa deciros que veo las cosas… como a vosotras os gustarÃa que las viera.
La señora Dashwood la habrÃa interrumpido al instante con dulce ternura, si Elinor, que tenÃa verdaderos deseos de oÃr la libre opinión de su hermana, no le hubiera indicado, con un gesto de impaciencia, que guardara silencio. Marianne continuó despacio:
—Lo que Elinor me ha contado esta mañana ha sido… un gran alivio para mÃ. He sabido al fin exactamente lo que querÃa saber —durante unos momentos, se quedó sin aliento; pero sobreponiéndose, y más calmada, añadió—: Ahora estoy totalmente satisfecha, no deseo que nada cambie. Nunca habrÃa podido ser feliz con él, después de saber todo esto, y antes o después lo habrÃa sabido. No habrÃa podido tenerle ni respeto ni confianza. No habrÃa podido dejar de pensar en lo que sé.