Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Cuando Elinor terminó de recrearse en la sequedad de la atmósfera, tuvo lugar una horrible pausa. La señora Dashwood la salvó, pues se sintió obligada a manifestar sus esperanzas de que la señora Ferrars se encontrara bien. Acuciado, Edward respondió afirmativamente.
Otra pausa.
Elinor, dispuesta a hacer un sacrificio, pero sin fiarse de su voz, dijo:
—¿La señora Ferrars está en Longstaple?
—¡En Longstaple! —replicó Edward, con aire sorprendido—. No, mi madre está en la ciudad.
—Me refería —dijo Elinor, cogiendo la labor de encima de la mesa— a la señora de Edward Ferrars.
Elinor no se atrevía a alzar la vista; pero Marianne y su madre clavaron las dos sus ojos en él. Edward enrojeció, pareció perplejo, desconcertado, y, tras algunas vacilaciones, dijo:
—Tal vez se refiera usted… a mi hermano… a la señora de Robert Ferrars.