Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento —¡La señora de Robert Ferrars! —repitieron Marianne y su madre, en un tono de extrema sorpresa; y aunque Elinor no pudo abrir la boca, también ella le miró con el mismo asombro, con la misma impaciencia. Edward se levantó y se dirigió a la ventana, al parecer porque no sabía cómo reaccionar; cogió unas tijeras que había por allí encima, y empezó a cortar la funda en que estaban guardadas en pequeños trozos, con lo que echó a perder funda y tijeras, y todo eso mientras, tras algunos titubeos, decía:
—Tal vez no lo sepan… quizá no les hayan dicho que mi hermano acaba de casarse con… con la menor de… con la señorita Lucy Steele.
Sus palabras hallaron un eco indescriptible de perplejidad en todo el mundo menos en Elinor, que seguía con la cabeza baja mirando su labor, conmocionada al punto de no saber apenas dónde estaba.
—Sí —dijo Edward—, se casaron la semana pasada, y ahora están en Dawlish.