Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento 
Por muy inexplicables que fueran, para toda la familia, las circunstancias de esta liberación, lo cierto era que Edward estaba libre: y no era difícil predecir a qué efecto iba a destinarse esta libertad; pues, tras comprobar las ventajas de un compromiso imprudente, contraído sin consentimiento de su madre, como el que él había mantenido durante más de cuatro años, ninguna otra cosa podía esperarse ahora, una vez roto éste, salvo el inmediato establecimiento de otro.
El viaje de Edward a Barton, de hecho, obedecía a un muy simple propósito. Únicamente quería pedir a Elinor que se casara con él; y teniendo en cuenta que no le faltaba en absoluto experiencia en tales cometidos, quizá resulte extraño que se sintiera en el presente caso tan violento como de hecho se sintió, tan necesitado de coraje y de aire puro.