Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento Las ventajas inmediatas no eran, para la señora Jennings, en absoluto desdeñables, pues las circunstancias favorecían un sinfín de chanzas a costa de ambos. En la finca se burlaba del coronel, y en la casa de campo de Marianne. A él sus bromas le eran, con toda probabilidad, y en la medida en que le afectaban sólo a él, completamente indiferentes; pero para ella fueron al principio incomprensibles, y, cuando su propósito se hizo entender, apenas supo si reírse de lo absurdas que las encontraba o censurar su impertinencia, pues le parecían una grosería teniendo en cuenta la avanzada edad del coronel y su indefensa condición de solterón.
La señora Dashwood, a quien un hombre cinco años menor que ella no se le antojaba tan extremadamente anciano como a la juvenil fantasía de su hija, se aventuró a absolver a la señora Jennings de la acusación de faltar al respeto a la edad del coronel.
—Pero al menos, mamá, no podrás negar que la acusación es absurda, aunque no puedas creerla malintencionada. El coronel Brandon es ciertamente más joven que la señora Jennings, pero es lo suficientemente viejo para ser mi padre; y, si tuviera estímulos suficientes para enamorarse, haría ya tiempo que habría enterrado toda sensación por el estilo. ¡Es ridículo! ¿Cuándo podrá verse libre un hombre de tales agudezas, si la edad y la enfermedad no le protegen?