Juicio y sentimiento
Juicio y sentimiento La señora Jennings era viuda, y gozaba de una generosa pensión. Tenía sólo dos hijas, y había vivido para verlas a las dos respetablemente casadas, por lo que ahora no tenía otra cosa que hacer que casar al resto del mundo. En la persecución de este objetivo se mostraba celosamente activa, en la medida de sus posibilidades, y no desaprovechaba ocasión para planear bodas entre los jóvenes que conocía. Era memorable su rapidez en descubrir asuntos del corazón, y había tenido la virtud de sacar los colores, y de halagar su vanidad, a no pocas jovencitas mediante insinuaciones de su poder sobre tales o cuales jovencitos; y esta clase de discernimiento le permitió, poco después de su llegada a Barton, pronunciar en tono decisivo que el coronel Brandon estaba muy enamorado de Marianne Dashwood. Éstas fueron claramente sus sospechas, desde la primera noche en que se vieron, a raíz de la atención con que el coronel había escuchado a Marianne mientras cantaba para la concurrencia; y cuando los Middleton devolvieron la visita yendo a cenar a la casita de campo, el hecho quedó demostrado porque él volvió a escucharla. No le cabía duda. Quedó totalmente convencida. Harían una pareja excelente, siendo él rico y ella guapa. La señora Jennings llevaba deseando una buena boda para el coronel Brandon desde que su parentesco con sir John le había dado ocasión de conocerle; y nunca cejaba en su empeño por conseguir un buen marido para una jovencita hermosa.